Definición y alcances de la huella de carbono

definicion y alcance de la huella de carbono

La huella de carbono es un indicador que permite comparar la cantidad de gases de efecto invernadero que una actividad, producto, empresa o país añade a la atmósfera.

 

Para calcularla se suman las emisiones de todo el ciclo de vida, desde la producción y la cadena de suministro hasta el uso y la eliminación.

Generalmente se expresa en toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO₂‑eq) por unidad comparativa, como por año, por kilogramo de proteína o por kilómetro recorrido.

Metodologías como el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, normas ISO, PAS y otras,  incluyen tanto las emisiones directas (alcance 1) como las indirectas (alcances 2 y 3).

Para productos y alimentos, la huella de carbono comprende todas las etapas de la cadena, desde el cambio de uso del suelo y la producción agrícola hasta el procesamiento, el transporte, el envasado y las pérdidas.

El impacto varía mucho según el alimento: producir 100 g de proteína a partir de guisantes emite alrededor de 0,4 kg de CO₂‑eq, mientras que obtener la misma cantidad de proteína de la carne de vacuno genera aproximadamente 35 kg de CO₂‑eq, casi noventa veces más.

En el transporte también hay diferencias significativas: caminar o ir en bicicleta un kilómetro produce entre 16 y 50 g de CO₂‑eq, y los viajes en tren suelen ser más eficientes en emisiones que los trayectos en vehículos privados para distancias medias o largas.

Las emisiones directas (alcance 1) proceden de fuentes que controla la organización o la persona, como los vehículos privados o calderas de gas.

Las emisiones indirectas de alcance 2 se asocian a la compra de electricidad, calor o vapor.

Mientras que las del alcance 3 abarcan actividades de la cadena de valor, como el transporte de materias primas, el consumo de productos y el tratamiento de residuos. Entender estos alcances ayuda a identificar las fases con mayor impacto y a trazar estrategias de reducción.

A escala global, la huella de carbono se utiliza para comparar países: en 2014 la media mundial era de unas 5 tCO₂ por persona, la media de la UE en 2007 superaba las 13 t y países como Estados Unidos, Luxemburgo o Australia superaban las 25 tCO₂e por persona.

Los análisis indican que, para mantenerse dentro del objetivo de limitar el calentamiento a 2 °C, la huella per cápita tendría que reducirse a unas 2–2,5 tCO₂e hacia 2050.

El GHG: Green House Gas Protocol / Protocolo de Gases de efecto Invernadero.

De entre todas las formas de medir la huella de carbono destaca el Estándar de Políticas y Acciones del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero ( público y gratuito) que amplía esta visión.

Define la evaluación de GEI (GHG assessment) como la estimación de los cambios en las emisiones o en las absorciones de gases de efecto invernadero que resultan de una política o acción.

Las emisiones son las liberaciones de estos gases a la atmósfera, mientras que las remociones son los retiros o la captura de GEI mediante sumideros como la vegetación.

El estándar especifica que deben considerarse no solo el dióxido de carbono sino también metano (CH₄), óxido nitroso (N₂O), hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC), hexafluoruro de azufre (SF₆) y trifluoruro de nitrógeno (NF₃).

Estos siete gases están recogidos en la Convención Marco de la ONU y el Protocolo de Kioto; el estándar señala que pueden añadirse otros gases reconocidos por el IPCC o el Protocolo de Montreal.

El documento recomienda definir claramente las fuentes (actividades o procesos que emiten GEI) y los sumideros (procesos que eliminan GEI) y elaborar un diagrama causal que muestre cómo una política o acción conduce a cambios en las emisiones.

Este enfoque ayuda a identificar efectos directos e indirectos, dentro y fuera de la jurisdicción donde se aplica la política, y a distinguir entre efectos previstos y no previstos.

Para cuantificar el efecto de una política, el estándar indica que se establezca un escenario de referencia (sin la política) y un escenario con la política, y que la diferencia entre ambos represente el cambio neto en emisiones.

De este modo, se puede atribuir la reducción (o aumento) de emisiones a una acción específica y comparar diferentes intervenciones de forma más rigurosa.

En resumen, la huella de carbono es una herramienta útil para medir y comparar el impacto climático de organizaciones, productos, actividades y políticas.

La incorporación de las directrices del Estándar de Políticas y Acciones ayuda a considerar todos los gases de efecto invernadero relevantes y a analizar las causas y efectos de las medidas de mitigación con mayor detalle.

Las normas ISO y su aportación en la gestión de la huella de Carbono (no exhaustivo)

Por otro lado en las normas ISO se amplía la definición previa de huella de carbono con lo que aportan las normas ISO 14064‑1, 14064‑2 y 14064‑3.

Estas normas forman parte de la familia ISO 14000 y han sido concebidas para proporcionar un marco armonizado de cuantificación y verificación de emisiones, complementando así el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol):

La serie ISO 14064 – desarrollada por la Organización Internacional de Normalización (ISO) – ayuda a las organizaciones a medir, gestionar y reportar de manera transparente sus emisiones y absorciones de gases de efecto invernadero. Consta de tres partes:

  • ISO 14064‑1 especifica los principios y requisitos para la cuantificación y notificación de las emisiones y remociones de gases de efecto invernadero a nivel organizativo. Esta norma guía a las empresas en la elaboración de su inventario de GEI e introduce principios como relevancia, completitud, coherencia, precisión y transparencia. Define cómo establecer los límites del inventario – por ejemplo, qué instalaciones forman parte de la organización – y distingue entre límites organizativos (identificar las instalaciones bajo control financiero u operativo o según la participación accionarial) y límites operativos (qué actividades se incluyen). También exige identificar las fuentes y sumideros de GEI bajo el control de la organización y clasificar las emisiones en directas (resultado de actividades propias, como la combustión de combustibles) e indirectas (asociadas, por ejemplo, a la electricidad comprada o a otros procesos fuera del control directo). Para cada fuente, se deben recopilar datos, aplicar factores de emisión y consolidar las emisiones, de modo que el inventario pueda ser auditado.
  • ISO 14064‑2 establece los requisitos para cuantificar, monitorear y reportar reducciones de emisiones o mejoras en la remoción de carbono a nivel de proyecto. Está orientada a programas específicos – como proyectos de eficiencia energética o de captura de carbono – y proporciona una metodología para definir un escenario de referencia y calcular las reducciones logradas frente a ese escenario.
  • ISO 14064‑3 proporciona directrices para validar y verificar las declaraciones de emisiones y las reducciones o remociones obtenidas, ya sea a nivel de organización o de proyecto. Esta norma fija los principios que deben cumplir los procesos de verificación, entre ellos la imparcialidad, el comportamiento ético, la presentación imparcial y la diligencia profesional, con el fin de asegurar la credibilidad de los informes de GEI.

En conjunto, la ISO 14064 ofrece un marco normativo complementario a la huella de carbono: al nivel de organización, proporciona criterios claros para delimitar los ámbitos de cálculo y asegurar que todas las fuentes y sumideros relevantes se incluyen en el inventario; al nivel de proyecto, facilita la medición rigurosa de las reducciones de emisiones; y a través de su tercera parte garantiza que los datos comunicados puedan ser verificados por terceros.

Estas normas, al igual que el GHG Protocol, promueven la coherencia, la transparencia y la comparabilidad de los resultados, reforzando la credibilidad de las declaraciones sobre la huella de carbono.

Fuentes : Wikipedia. GHG Protocol, Normas ISO.